El descanso no es un lujo

El descanso es una necesidad vital a la que muchas veces no prestamos la atención que se merece y eso puede acabar pasándonos factura.

No dormir las horas suficientes que nuestro cuerpo necesita puede causarnos problemas relacionados con la salud e incluso enfermedades crónicas, ya que durante el sueño se producen numerosos procesos que nuestro organismo necesita para repararnos y mantenernos en un estado saludable. Sin embargo, en este artículo quiero centrarme en otro tipo de descanso, ese que también necesitamos cuando todavía estamos despiertos a lo largo del día.

Muchos días me encuentro yendo de un sitio para otro como pollo sin cabeza o haciendo una tarea detrás de otra sin parar, intentando ser lo más productiva posible y sacando horas de donde no las hay. Y cuando me propongo descansar y dedicarme algo de tiempo, los pensamientos que me recuerdan todas las cosas que tengo pendientes por hacer no paran de asaltarme. Descubrí que vivir así no hace más que producirme ansiedad y estrés y decidí ponerle solución.

Ahora trato de incluir pequeños cambios en mi día a día que me ayudan a controlar mejor estos momentos. De esta forma, mis días son menos estresantes y consigo llevar a cabo lo que me propongo igualmente, pero con una sensación mucho más satisfactoria.

¿Por qué deberías incluir este tipo de descanso?

Este tipo de descanso es el que con mayor facilidad dejamos de lado o ni siquiera tenemos en cuenta en nuestro día a día, ya que solo incluiremos si somos realmente conscientes de lo necesario que es.

Lo primero es que te des cuenta. Quiero que pienses por un minuto como vives en tu día a día. ¿Cuántas veces te paras a pensar o simplemente a contemplar lo que te rodea entre una tarea y otra? O, ¿Cuántas veces tratas de hacer más de una tarea a la vez y acabas obteniendo resultados mediocres? Y así infinidad de ejemplos que demuestran lo desconectados que vivimos hoy en día, tanto de lo que nos rodea como de nosotros mismos.

Este descanso es tan importante como dormir e incluirlo en tu rutina como si de una tarea más se tratase te traerá numerosos beneficios.

Por una parte, incluir estos descansos te ayudará a soltar todo el estrés que podemos llegar a acumular a lo largo del día. Muchas veces no nos percatamos hasta que llegamos a la cama de lo duro que ha sido el día que hemos vivido. Está bien y es normal acabar los días cansados, pues son muchas las cosas que hacemos y la energía que ponemos en ello. Pero esta sensación es totalmente distinta a la de llegar agobiados a la cama porque durante el día no te has permitido parar ni un segundo.

Por otra parte, este descanso del que te hablo te ayudará a conectar mejor contigo. Te permitirá tomar consciencia sobre lo que estás haciendo, así como de tus sensaciones y emociones. Esto es fundamental a la hora de entender muchas cosas de las que hacemos sin apenas darnos cuenta, para pensar antes de actuar y no dejarnos llevar por el primer impulso que se nos pasa por la cabeza.

Por lo tanto, incluir estos descansos te harán acabar los días con una sensación de calma y satisfacción, manteniendo a raya cualquier tipo de estrés y ansiedad. Además, de esta forma, pensarás con más claridad y como consecuencia tomarás mejores decisiones a lo largo del día.

Dos tipos, ambos fundamentales

Llegados a este punto espero haberte convencido sobre la importancia de permitirte estos descansos, invertir en ti y así ir mejorando un poquito cada día.

Me gusta dividir este tipo de descanso en dos categorías, y para que te resulte más fácil incluirlos en tu día a día voy a dejarte algunos ejemplos que a mi me funcionan. La idea ahora es que pruebes y encuentres lo que de verdad te funciona a ti.

1. Descansos cortos

Aquí se incluye lo que podemos hacer entre una tarea y otra, acciones muy breves que solo te tomarán un minuto o dos de tu tiempo, pero que te harán coger tu siguiente tarea con un enfoque distinto. Algunos de los pequeños cambios que a mí me gusta incluir y que puede que a ti también te funcionen son:

  • Respirar. A veces cuando pasamos horas y horas trabajando o haciendo una misma tarea, nuestras pulsaciones suben y nuestra respiración se acelera de forma inconsciente cuando sentimos que no avanzamos o cuando vemos todo lo que nos queda pendiente por hacer. Cuando notamos que esto nos ocurre es el momento ideal para parar y respirar. No es necesario ponerse a meditar en medio de donde estemos. Un par de minutos de respiración consciente son más que suficientes para oxigenarnos, recuperar la claridad mental y volver más concentrados a nuestras cosas. Existe una gran cantidad de técnicas de respiración que pueden ayudarnos a liberar estrés y sentirnos más relajados. Prueba a tomar consciencia sobre tu respiración durante tan solo un minuto y verás como los síntomas del estrés se alivian. De todas formas, no hace falta llegar al punto de sentir estrés o ansiedad para incluir este pequeño descanso entre tareas, intenta hacerlo antes de pasar a una nueva tarea y verás las buenas sensaciones que te deja. El poder de la respiración es sorprendente, compruébalo por ti mismo.
  • Contemplar lo que me rodea. En mis descansos solía mirar el móvil y comprobar si tenía alguna notificación casi de forma automática, esto hacía que todo lo que me rodease pasase completamente por desapercibido. Ahora intento dejar de lado el móvil o cualquier distracción para parar durante un instante y observar con atención mi alrededor, para descubrir algunas cosas que hasta el momento me resultaban invisibles. En mi día a día, pararme a observar lo que me rodea me hace sentir realmente agradecida por todo lo que tengo y sobre todo por quién tengo a mi alrededor. También cuando viajo o salgo a la naturaleza, contemplar mi alrededor me permite tener experiencias más intensas y memorables. Por ejemplo, me permite descubrir detalles que de otra forma me perdería, como pueden ser pequeños elementos en las fachadas de los edificios de una ciudad o la belleza de algunas flores en el campo. El acto de tomarnos un tiempo para simplemente contemplar lo que nos rodea es altamente gratificante.
  • Observar mis sensaciones. Cada día recibimos miles de estímulos del exterior, interaccionamos con otras personas y nos surgen imprevistos que no podemos controlar, entre otras cosas. Todo esto produce una sensación diferente en nosotros. Si logramos identificar alguna de estas sensaciones muchas de las emociones que experimentamos cobrarán sentido para nosotros. Personalmente, me gusta parar y observar mis sensaciones a lo largo del día, ya que de esta forma siento que vivo más conectada a mi y a los que nos rodean. Algo que me ayuda a identificar mis emociones es fijarme en las pequeñas sensaciones que me producen algunos estímulos del exterior. Cómo percibimos los diferentes estímulos que hay en el ambiente genera en nosotros una sensación corporal, la cual nos ayuda a conectar con nuestras emociones. Por ejemplo, me encanta sentir el calor que me produce el sol o el olor de mi comida preferida, lo cual me produce una sensación de agradecimiento y bienestar. Como ves, son cosas de la vida cotidiana que todos tenemos a nuestro alcance, pero que son muy fácil dejar de lado si no le prestamos la atención que requiere. Tómate tus pequeños descansos para observar tus sensaciones, seguro que muchas de ellas son positivas y enriquecerán enormemente tus días.

2. Descansos más largos

Esta categoría incluye todo aquello que podemos hacer cuando tenemos algo más de tiempo. Al igual que invertimos el dinero en comprarnos ropa o un coche, también debemos pensar en invertir tiempo en nosotros mismos. Se trata de tener en cuenta que cada día debemos dedicarnos un tiempo y hacer algo por nosotros, ponernos como una prioridad unos instantes porque somo nuestro bien más preciado. Es conveniente ordenar nuestras prioridades de forma que aseguremos un hueco para estos descansos más largos. Por ejemplo, un hueco fijo que intento que no falte en mi día a día y que dedico a este descanso es antes de ir a dormir. Me gusta mucho incluirlo aquí porque también me ayuda a dormir mejor, así que es como un dos por uno. Pero también me gusta dejar un hueco a la improvisación para sumar estos momentitos de descanso cuando me surge la ocasión. Aquí te dejo tres ideas que a mí me ayudan y puede que a ti también.

  • Autocuidados. Creo de verdad que lo autocuidados son una de las mejores formas que tenemos para desconectar y descansar. Dedicarnos un tiempo a cuidarnos y mimarnos es esencial para mantener un buen estado de ánimo y alcanzar el bienestar personal. El abanico de cosas que podemos hacer para cuidarnos un poquito cada día es muy amplio, así que debes explorar y ver cual de todos son los que mejor te hacen sentir. Por ejemplo, darme una ducha en modo relax con mi playlist de música preferida o simplemente dedicar un tiempo a pintarme las uñas es algo que me encanta hacer. Los autocuidados que te brindas tendrán un impacto directo sobre como afrontas tus días, porque si te sientes bien contigo misma verás lo positivo en tu día a día y afrontarás mejor los problemas que te vayan surgiendo a lo largo de tu jornada.
  • Leer. Hoy en día tenemos a nuestro alcance millones de libros y hay libros sobre casi cualquier tema que puedas imaginar. Los libros son una herramienta fantástica a la hora de evadirnos durante un tiempo del mundo real. Personalmente me gusta leer libros con los que siento que además de dedicarme tiempo estoy aprendiendo algo, por lo que tuve una época en la que solamente leía libros relacionados con la nutrición y la salud, un tema que me apasiona. Sin embargo, me di cuenta de que estos libros no me ayudaban a desconectar. Por eso, ahora alterno este tipo de libros con novelas y otros libros con los que sí consigo evadirme por completo. Libros con los que quizás me siento identificada con algún personaje, que me ayudan a conocerme mejor y que me enriquecen. Leer estimula la relajación y minimiza el estrés, entre muchos otros beneficios. Por eso incluir unos minutos de lectura antes de ir a dormir es un hábito estupendo, ya que ayuda a dormir mejor. Escoge un libro que te guste: atrévete a soñar con nuevas historias y da rienda suelta a tu imaginación.
  • Salir a dar un paseo. Quién de verdad me conoce sabe que caminar es algo que me encanta hacer y es algo que no falta en mi día a día. Intento incluir cada día un paseo, unos días más largo y otros días más corto dependiendo del tiempo y de cómo me encuentre ese día. Caminar es una actividad muy beneficiosa a nivel físico, pero también lo es a nivel mental. En mi experiencia, salir a pasear ha mejorado mi humor y estado de ánimo en muchísimas ocasiones. Mientras caminamos podemos aprovechar para poner orden a nuestras ideas, escuchar un podcast que nos guste o simplemente prestar atención al paisaje. Si todavía no lo haces, te animo a incluir un pequeño paseo en tu día a día y verás como le vas cogiendo el gusto. Pasear es una forma maravillosa de desconectar de tu rutina y conectar mejor contigo.

Cuanto antes empieces, mejor

Vivimos en un mundo en el que cada vez es más difícil desconectar de los estímulos exteriores para conectar mejor con nuestros estímulos interiores. No te dejes de lado, dedícate el tiempo que mereces y no esperes más para empezar a incluir este tipo de descanso en tu día a día.

Para y descansa cuando lo necesites, porque descansar no es un lujo si no una necesidad.

Cuéntame tus conclusiones en comentarios, ¡te leo!

Foto de Andrei Carina en Unsplash

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